

Regina Gómez Iturribarria
2 de marzo 2023
Los trabajos no remunerados de las mujeres
El trabajo no remunerado de las mujeres es todo el trabajo doméstico y de cuidados que las mujeres realizan de forma gratuita. Para muchas economistas feministas el trabajo no remunerado de las mujeres es lo que sustenta la economía actual, y lo que en realidad le dio origen al sistema capitalista, esta es la premisa principal que sostiene Silvia Federici, investigadora feminista italo-estadounidense. En su libro El Calibán y la Bruja (2006), hace todo un recorrido histórico para defender esta tesis, no va a hacer la única que va a teorizar sobre esto, de hecho, en la actualidad, el tema del trabajo doméstico y de cuidados está latente en el movimiento feminista.
¿Qué es exactamente este trabajo no remunerado?
Cocinar, limpiar, ir a buscar el agua o leña; cuidar de las infancias o personas mayores. Cuántas veces no hemos escuchado esta idea: “¡Ay qué bueno que tienes una hija para que te cuide de mayor!”, y con esto no quiero decir que está mal cuidar a las personas de tu familia pero es algo dado por hecho que las mujeres tenemos que tener esta carga de cuidados y de la limpieza del hogar. Según datos de Naciones Unidas, las mujeres realizan al menos 2.5 veces más trabajo doméstico y de cuidados no remunerado respecto a los hombres. Por tanto, tienen menos tiempo para dedicar al trabajo remunerado o trabajan mucho más horas.
¿Cuál es el problema de todo esto?
El trabajo no remunerado de las mujeres sustenta a las familias, apoya a las economías y en mayoría suple las carencias en materia de servicios sociales. El problema es que pocas veces se le reconoce como “trabajo”, y lo que es impresionante es que el valor del trabajo de cuidado y doméstico no remunerado representa entre un 10% y 39% del producto interno bruto (PIB); puede pesar más en la economía de un país de lo que pesan otras industrias como la manufacturera, el sector de comercio o el de transporte.
En todo el mundo, el 42% de las mujeres no puede acceder a un empleo remunerado porque son las responsables del trabajo de cuidados, en comparación con tan solo el 6% de los hombres. Además, empleos como el de enfermera, trabajadora del hogar o cuidadora a menudo están mal remunerados, no tienen derechos laborales, conllevan un horario irregular y puede suponer un importante desgaste físico y emocional.
El futuro de la crisis de los cuidados
El cambio climático, el trabajo no remunerado de las mujeres en la agricultura, la recolección de agua y de combustible sigue aumentando cada vez más. Se estima que para el año 2030, 2.300 millones de personas necesitarán cuidados; 200 millones más que en 2015 y además, hasta 2.400 millones de personas vivirán en zonas donde no habrá agua suficiente, de manera que principalmente serás las mujeres y niñas las que se verán obligadas a recorrer mayores distancias para conseguirla (datos de OXFAM).
¿Cómo modificar esto?
Claramente el hecho de que esto se modifique de forma positiva conlleva decisiones estructurales. Si los gobiernos invirtieran en infraestructuras y servicios públicos vitales se ayudaría a reducir el trabajo de cuidados. Las inversiones en sistemas de suministro de agua y saneamiento, electricidad, cuidado de menores y asistencia médica podrían liberar parte del tiempo que las mujeres y niñas dedican a estas tareas y mejorar su calidad de vida.
Es importante que el Estado, las empresas y las familias entiendan la importancia de repartir de forma justa y equitativa el trabajo de cuidados no remunerado. Igualar los derechos laborales de las trabajadoras del hogar con los del resto de las personas trabajadoras e incluir en las políticas sociales una renta mínima garantizada que acabe con la pobreza que perjudica más a las mujeres.
¿Te has preguntado cuánto tiempo gastas tú en estas tareas de cuidado y del hogar?