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Jimena Fernandez

1 de julio 2022

tagSalud, Consulta, Consejos, Médicos, Dolor, Estrés

Gaslighting menstrual, ¿qué es?

No te me pongas menstrual, está en sus días, anda hormonal: no le hagas caso y otras formas de violencia verbal que pone en peligro nuestra salud mental y física

¿Qué es el gaslighting, de donde viene el término Luz de Gas?

El término gaslighting viene de la película de 1944 Gaslight (Luz de gas) con la magnífica Ingrid Bergman como protagonista. La película está basada en la novela homónima de Partick Hamilton, quien creció con un padre alcohólico y abusivo, lo cual quizá le dio la inspiración para este thriller que se volvió en un clásico. En ella, un hombre intenta enloquecer y desacreditar a su esposa, cambiando cosas de lugar, aprovechándose de la iluminación a gas del hogar-prisión en la que viven, para ocultar sus crímenes. La película, un exitazo, tanto que pronto se acuñó el término para describir un comportamiento abusivo, demasiado común aún hoy en día, en el cual el opresor confunde a su víctima, infundiendole falsas creencias y creando una realidad paralela de modo que pueda manipular. ¿Les suena familiar? Si, políticos, medios de comunicación, mercadólogos y especialmente compañeros sentimentales suelen usar esta maquiavélica forma de violencia. Pues bueno, en el ámbito médico, tampoco nos libramos de ella.

Se ha comprobado que las mujeres, suelen ser mal diagnosticadas mucho más que los hombres, en parte por el machismo pero también porque gran parte de los estudios de medicamentos desde 1977 comenzaron a excluir a mujeres en edad reproductiva en las pruebas de éstos hasta 1993, lo cual ha dejado bastantes secuelas porque se conoce más sobre los síntomas de los hombres cis que sobre los síntomas en mujeres. 

Para ejemplo, basta un botón: las mujeres con enfermedades cardíacas son diagnosticadas más tarde que sus contrapartes masculinos y a menudo sus síntomas son ignorados por los médicos o son interpretados como estrés.

Del mismo modo que mujeres y hombres con un peso corporal mayor no son diagnosticados correctamente porque se atribuye dolores al exceso de peso sin profundizar en sus síntomas como a las personas delgadas, ser mujer es un estigma en muchos aspectos de la medicina. Se sigue asumiendo que las mujeres somos extrasensibles, débiles y sobre todo “muy hormonales”. Por supuesto, se han realizado muchas investigaciones e incluso se ha intentado legislar que en las escuelas de medicina haya mayor sensibilización al respecto, pero, todo cambio, toma su tiempo. 

Y aquí vamos llegando al quid de la cuestión: tus menstruaciones no deben doler terriblemente, no es tu castigo divino por ser del equipo de Eva. Y sin embargo, a muchas se nos ha hecho pensar que es normal tener una serie de síntomas dolorosos y agotadores durante nuestro periodo y que el dolor en la menstruación es normal. 

De igual forma, a las mujeres se nos atribuye una menor capacidad por el hecho de ser personas menstruantes. Si bien se ha comenzado a visibilizar sobre todo en el ámbito deportivo, son muchos los entornos en los que se nos pone en desventaja, tanto que nosotras mismas también utilizamos términos y frases como “ando en mis días” como una normalización de tristeza, dolor, desánimo o confusión. 

Es verdad que nuestro cuerpo y sus hormonas afectan nuestro humor y muchas funciones de nuestro ser, esto no es exclusivo de las mujeres. Recientemente se ha demostrado que la fluctuación hormonal también afecta a los hombres, pero culturalmente, nuestras hormonas son las “culpables” de convertirnos en seres enloquecidos. 

Gaslighting menstrual: cómo protegerte

Así que ya sabemos que estas diferencias e invalidación hacia nosotras son una realidad, ¿cómo podemos mejorar esto? 

Antes que nada, recuerda que tu menstruación no necesariamente es dolorosa. Si tienes dolores muy intensos o incapacitantes, es tiempo de visitar a tu ginecóloga. Sí, puede ser que te me pongas un poco chípil y necesites una dosis extra de chocolate en algún momento, pero no debe ser tu tormento mensual.

Busca especialistas que se superen cada día, elige una buena ginecóloga o ginecólgo que te vean como una paciente, una persona integral y no como un tinglado de órganos. Es verdad que a veces no podemos elegir a nuestros médicos, pero no te permitas pisotear si un profesional de la salud te ningunea o maltrata.

En algunos casos, se recomienda ir acompañadas a nuestras citas médicas. Esto a menudo ayuda para que haya a nuestro lado alguien que corrobore que, por ejemplo, no es normal en ti que estés durmiendo catorce horas diarias o que has perdido mucho peso muy rápido.

Lo cierto es que se le exige mucho al personal de salud, muchas veces trabajan tantas horas y atienden a tantos pacientes que pueden entrar en una especie de letargo y agotamiento que no les permite ir más allá de lo rutinario. Sí, eso también debe cambiar. Mientras eso sucede, tampoco temas buscar segundas opiniones profesionales. Así como elegimos concienzudamente con qué persona tendremos una relación sexo-afectiva duradera, también es bueno seguir buscando hasta encontrarnos con una ginecóloga de cabecera o una médica familiar que te conozca en salud y en enfermedad.

Si está en tus manos, intenta conectar con el ser humano dentro de la bata blanca, sé amable. A manera de guía, lleva anotados los síntomas y la información que sientas pertinente de modo que la comunicación sea óptima con tu médica o médico.

Lleva un registro concienzudo de tus ciclos menstruales. La auto-observación es tu mejor aliada. Hoy en día hay muchas apps que nos facilitan esta tarea de modo que seamos las primeras en identificar cómo cambia nuestro cuerpo, sentimientos y pensamientos durante nuestro ciclo. 

No ignores tu dolor. Especialmente en lo que se refiere al dolor, recuerda que es una señal de tu cuerpo y no debes ignorarlo. No te automediques ni te hagas gaslighting pensando que estás loca, histérica y ya se te pasará.

Observa tu lenguaje. La próxima vez que te descubras negando tus emociones o decisiones usando como pretexto tu menstruación, haz un alto. La misoginia también la tenemos interiorizada y aquí la idea es que cada vez nos aprendamos a querer más.


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