

Regina Gómez Iturribarria
2 de diciembre 2022
Mi historia con mi Trastorno de la Conducta Alimentaria
Sería muy difícil encontrar de dónde vino exactamente, la verdad es que creo que por años intenté encontrar los motivos por los cuales yo desarrollé un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) y al final entendí que podía venir de distintos lugares, venía de una presión por obtener la validación que no obtenía de mi papá, venía de la misma sociedad que nos construye a las mujeres como objetos de los cuáles sólo importa su cobertura exterior, o incluso del cúmulo de ansiedad que sentía de vez en cuando y estallaba conmigo misma.
La verdad es que no lo sé y siendo sincera, hace un tiempo entendí que nunca lo iba a saber del todo pero lo que me quedó claro es que cada persona vive su TCA de formas muy distintas y lo que para unas significa una una conducta de riesgo, para otras puede no serlo, lo que a unas nos puede traer tranquilidad, para otras puede significar ansiedad. Por ello mi intención acá no es dar consejos sobre cómo vivir con un TCA porque es algo que a mí me ha costado muchos años, mucho trabajo terapéutico y muchos errores también, pero sí vengo acá para compartir cosas que aprendí en este proceso.
La cultura de la delgadez
Es muy complicado vivir en un mundo donde la cultura de la delgadez nos bombardea todo el tiempo y donde la gordofobia la tenemos tan naturalizada, creo que por eso cuesta mucho reconocer que vivimos con un TCA, entonces reconocerlo públicamente cuesta lo doble. Algo que a mí me costaba mucho poder dar a entender es que aunque la gente me dijera lo delgada que estaba, yo me miraba al espejo y no me sentía así, porque con la gordofobia interiorizada, crecimos en una sociedad en donde nos dicen que lo peor que puede pasarnos es subir de peso, por eso le tenía terror a ello y me metía en ciclos de ansiedad, bulimia y atracones sin salida.
Las dietas no sirven
No, no y no. Me hubiese encantado darme cuenta de esto hace unos años y creo que es algo de lo que luego escribiré mucho más pero es impresionante los años, dinero y energía que gastamos en dietas, productos mágicos o rutinas para bajar de peso. No funcionan, punto. Y aunque logres bajar muchísimos kilos, lo más seguro es que después de un tiempo vuelves a subirlos, porque la cultura de las dietas sirve para eso y para tenernos en un constante círculo de ansiedad, de culpa y de sentir que si no logramos bajar de peso es por falta de disciplina o por algo que nosotras estamos haciendo mal.
Ningún proceso es lineal
Por último y no menos importante, sé que lo hemos escuchado en muchísimos lugares pero no hay nada más real que esto, la verdad es que cada proceso es muy personal, cada una tiene una historia distinta y nuestros espacios y redes de apoyo también lo son. Pero para mí ha sido importante entender que ningún proceso es lineal y que siempre hay días buenos y días malos, pero que nunca volvemos al mismo lugar, aunque así lo sintamos en nuestras peores rachas.
El estar ya en un proceso de sanar es un aprendizaje muy grande y es una responsabilidad que tomamos hacia nosotras mismas y hacia las personas que queremos, entonces no, la verdad es que no todos los días amo mi cuerpo, de vez en cuando me vienen de nuevo esas ideas obsesivas de controlar lo que como o el ejercicio que hago, pero luego pasa y recuerdo que lo importante en la vida son otras cosas, muchas otras cosas y que la comida sólo forma una pequeña parte de la vida. Entonces sí, me parecía importante empezar el último mes del año 2022 recordando que nunca es tarde para pedir ayuda y nunca es tarde para desaprender y aprender otras formas de relacionarnos con nosotras mismas.